Tengo la firme convicción de haber nacido con la capacidad especial para guiar poderosos procesos sociales, educativos y políticos, que en esencia han llevado a salvarle la vida a miles de personas a despertarse a trabajar con disciplina para mejorar su entorno y su calidad de vida. “He salvado familias”!
Ese proceso arranca a los ochos años empezando a trabajar a escondidas de mi mamá fabricando bolsas en aras de conseguir unos pesos para financiar y liderar, por la dura situación económica de mi familia, mis gastos personales, que a esa edad eran mínimos, pero finalmente eran gastos que debían ser correspondidos con dinero.
Pero a los 13 años, el compromiso con la comunidad de mi barrio “Las Granjas”, emprendió de la mano del sacerdote asignado para ese sector de Neiva, quien observó en mi actitud a un “líder nato” entregándome la responsabilidad de organizar y dirigir varios procesos serios con los equipos de fútbol y actividades comunales propias de esa época.
“Dirigía el equipo de balompié de adolescentes -18 años-. Si un jugador no iba a entrenar a la hora y los días que correspondía, pues no jugaba porque yo decidía; si yo veía que el domingo el señor se había puesto a bailar el día anterior y llegaba con tufo, pues no lo alineaba. Siempre lideré esa clase de eventualidades a mis 13 años”, recuerdo con nostalgia, pero a la vez con orgullo.
La adolescencia, bajo la disciplina y la dedicación al estudio transcurrió con oportunidades, especialmente académicas, que se vieron reflejadas con una beca al mejor bachiller Coltejer de Colombia y otra, obtenida a los 18 años de edad, para estudiar en la Universidad de Los Andes, en Bogotá, Ingeniería Mecánica. Es decir, como un buen proyecto de líder aproveche las bondades de la vida para forjar un futuro prometedor con base en la educación.
A los 18 años y seis meses, recuerdo, me vine a enfrentar en completa soledad los menesteres de una ciudad capital, para ese entonces, pequeña, bien “cachaca”, muy nublada y un frío aterrador, para mi cuerpo, por ser de una tierra caliente, como es Neiva. El objetivo en esa etapa de mi vida era sacar adelante mi profesión porque sabía en mis adentros el significado que iba a tener ese proceso para el futuro de mi humilde familia y mi proyecto de liderazgo.
“Pacho, ud, que tiene amigos, que ha formado tanta gente, que tiene un importante liderazgo, ayúdeme”, me dijo Ricardo Mosquera, un compañero del colegio en una oportunidad, palabras alentadoras porque él había observado de primera mano cómo había montado el proyecto del Instituto Triángulo y los beneficios brindados para miles de personas de escasos recursos, sin educación básica, secundaria, incluso analfabetas. Ricardo también se fijó en el guía que me iba a convertir en el sector educación. El resultado se evidencia después de mucho tiempo con tres instituciones educativas de alta calidad. De ahí han surgido cientos de líderes en sus ámbitos de vida.
Desde los 40 años empecé a moverme en diferentes escenarios del contexto nacional. Emprendimiento, empresa, responsabilidad social y política. Ese último escenario sirvió para ubicarme como un ciudadano que debe aportar más allá del dinero, de los negocios. Por eso, en esta parte de mi vida -70años- quiero liderar ese gran proyecto que me lleve a conseguir la credencial en el congreso en aras de promover y vigilar los intereses de los miles de colombianos cercanos a mis ideales. “A mí me gusta construir sobre lo construido. Si algo se ha hecho mal enderezarlo, arreglarlo, mejorarlo y no destruir lo que ya se ha hecho”.

